31.3.08

La elegancia

Me fascinan las bodas... pero no la ceremonia, ni el convite... lo que me alucina es la cantidad de tonterías que es capaz de hacer la gente (y de el dinero que es capaz de pagar) cuando se escucha la palabra "BODA".

Este año tengo que asistir a dos bodas; llegas a una edad en la que lo de tener que ir a bodas se convierte en una carga, y entre los amigos comentas:

-¿cuántas tienes tu este año?
- yo 5
-buf!... vaya palo, yo sólo 2

Así pues, cada año que pasa, las bodas se van cargando de unas tradiciones y unas rutinas absurdas, que a todos nos parecen lo más normal del mundo, pero que si te paras a pensarlo, no son más que chorradas pensadas para que nos dejemos la pasta, y nos acaba pareciendo lógico que te cobren 300 euros por un corte de pelo o por un minúsculo ramo de flores, que haya que gastarse un dineral en ropa que sólo se va a usar ese día, cuando por una mínima parte de ese dinero se puede alquilar algo igual y nadie notaría la diferencia, que por servir un menú "de boda" cobren lo mismo que por comer en el Ritz, que por hacer 100 fotos durante 3 o 4 horas, se lleven todo tu sueldo de un mes... suma y sigue (nunca mejor dicho)

El caso es que por mis próximos compromisos, el sábado acudí a un sitio de esos de alquiler de chaqués y acabé convencido de que habría sido lo mismo si hubiésemos ido a un sitio de alquiler de disfraces. Allí estábamos todos, vistiéndonos con ropa que jamás hemos llevado y que jamás vamos a volver a llevar... tenía una sensación un poco de Paco Martínez Soria en la ciudad no es para mi.

Eso sí, guapetón estaba un rato...

Nota: nueva entrada en Lo que España compra

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